lunes, 26 de abril de 2021

Celos, malditos celos


Los celos son “una reacción emocional compleja que responde a manifestaciones del pensamiento espontáneo, automático, con estilo intrusivo, persistente y suspicaz con relación a la infidelidad sexual o afectiva de la pareja”. Así los define Berenhs en su obra “Amores que matan, (p. 15, 1998). Por celotipia, que es su extremo patológico, debe entenderse “una preocupación excesiva con relación a la fidelidad de la pareja, sin que ésta preocupación responda a hechos objetivos contundentes”. Es decir, quien experimenta este trastorno no dispone de evidencias irrefutables acerca de la conducta infiel que atribuye a su pareja. No podría mostrar pruebas indubitables acerca de la acusación que formula. 
Sin embargo, le abruman persistentemente este tipo de pensamientos, los cuales desatan intensas reacciones fisiológicas y emocionales y son caldo de cultivo para comportamientos de control, vigilancia, reclamos, reproches, violencia verbal y hasta física, tornando en tortuosa la vida para sí mismo y para quienes le rodean, en especial su pareja. Señala Berenhs que los celos se caracterizan por emociones desagradables. Obedecen a pensamientos cuya tendencia es percibir e interpretar erradamente signos y situaciones. Generalmente, la base de los mismos está en el aprendizaje temprano de la persona. Ya en una relación de pareja se reactivan esquemas o creencias como “mi pareja es o puede serme infiel”, “nadie es fiel”, “no se puede uno fiar de nadie”, “no hay hombre fiel”, “no soy tan atractivo/a y puede dejarme por otra persona”. 
Es como si esas creencias fuesen voces que han estado pausadas. Una vez que se está en pareja, ante el más mínimo e irrelevante signo, las “grabaciones” se reactivan y la persona interpreta erradamente lo percibido y lo toma como evidencia irrefutable de que la pareja está siendo infiel o de que podría serlo. 
En nuestra sociedad circula la idea de que quien no cela no ama. Existe cierta tendencia a tomar como evidencia de amor las actitudes celosas de la pareja y, muchas veces, se concluye que no hay amor porque nuestra contraparte no muestra tales actitudes. 
También es frecuente la pregunta: ¿existen celos normales? Si la evidencia es cierta, objetiva, válida, incuestionable, pues éstos serían una reacción lógica y con sentido. Ejemplo: encontrar a tu pareja besándose con otra persona. En la celotipia no sucede de esta manera. La persona percibe e interpreta erráticamente: exagera, imagina, malinterpreta, tergiversa lo percibido o en su mente re-crea y anticipa situaciones que no han sucedido y les otorga el estatus de verdad.
Y, como si fuese poco, razona emocionalmente. Es decir, señala la intensidad de sus emociones, producidas por sus pensamientos, como una prueba de la certeza de sus presunciones. Es equivalente a decir: “estoy tan segura de que está siéndome infiel que me enfurezco de esta manera”. A la luz de la lógica este razonamiento carece de sentido, porque no necesariamente una emoción es comprobación de la ocurrencia de un suceso.

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